Barrios, bandas, jóvenes y sentimiento de pertenencia.

En los últimos días el debate sobre jóvenes, bandas, violencia y como prevenir este tipo circunstancias y situaciones está arreciando en los barrios de nuestra ciudad. Desde el proyecto del Barrio Más Joven nos hemos visto en la obligación ética y profesional de escribir unas líneas al respecto.

Somos un proyecto, al igual que otros mucho de la ciudad, que realizamos intervención directa con los chicos y chicas en los barrios de la ciudad, conocemos de primera mano sus inquietudes, sus miedos, sus pasiones, sus alegrías, sus motivaciones, sus tristezas, sus problemas…

Nuestro trabajo, nuestra intervención parte de una base: los y las jóvenes no deben ser tratados como meros objetos, sino que ellos y ellas deben ser sujetos activos en los programas socioeducativos de los que forman parte, en la gestión de su ocio, y en definitiva en la transformación de su realidad cotidiana.

Nuestro proyecto trata de utilizar el fomento de la participación juvenil y del ocio saludable como herramienta para realizar un trabajo de prevención en diferentes materias: conductas adictivas tanto con sustancias como sin sustancias, prácticas sexuales de riesgo, desarrollo de actitudes racistas, machistas, homófobas, y también la prevención de actitudes violentas y/o delincuenciales.  Nuestro proyecto no trabaja específicamente el tema de la pertenencia a una banda, sino en los motivos que pueden llevar un niños, niñas, adolescentes y jóvenes a unirse a un grupo con esas características.

Cuando los y las jóvenes con las que trabajamos nos hablan de los motivos por los que creen que los y las chicas de sus barrios entran en bandas, siempre aparece una doble explicación. Por un lado, hay elementos que “empujan” a entrar en estos espacios y por otro lado hay otros que “atraen” a entrar. Estas motivaciones, son lo que los y las expertas en la materia denominan factores de riesgo y se dividen en cinco dominios: individual, familiar, escolar, de pares y de comunidad.

Cuando se habla de las cuestiones que “empujan” a los jóvenes, se habla de las condiciones negativas que rodean a las personas, en este caso hablamos de factores como la exclusión social, profundos sentimientos de desarraigo, la precariedad laboral, el abandono escolar, violencia familiar. Cuando se habla de los factores que “atraen” a entrar en las pandillas, debemos tener en cuenta cuestiones como la búsqueda de status, de protección, de sentimiento de pertenencia, de identidad grupal o acceso a dinero y recursos o la búsqueda y experimentación continua como característica de los y las jóvenes. Del mismo modo, en muchas ocasiones las bandas pueden satisfacer el sentimiento de pertenencia, ese deseo de ser alguien de tener prestigio dentro del grupo. Además, los chavales se sienten atraídos por la música, los símbolos o la vestimenta que la diferencia de otras bandas. Pero puede ser un camino de retorno difícil.

“Si no estuviera aquí, en la asociación, si no hubiera encontrado este lugar en el que estar y hacer grupo estaría en una banda” (Kevin 17 años)

Es por ello que nuestra metodología a la hora de intervenir, tiene en cuenta cuestiones como que la adolescencia, es una etapa en la que la identidad de la persona se está configurando, en la que los sentimientos de pertenencia al grupo de iguales, el reconocimiento de este y el sentimiento de protección que genera son clave. Es por ello que desde nuestras intervenciones tratamos de generar identidad grupal y una seguridad que aleje a los y las jóvenes de conductas violentas y/o de riesgo.

En este mismo sentido, es clave educar en valores y en inteligencia emocional, desarrollar los intereses y aptitudes personales como elementos para prevenir el abandono escolar. En tanto en cuanto este tipo de objetivos sean conseguidos, estaremos más cerca de generar ambientes en los que existe una identidad grupal sana, donde cada persona se siente segura, en confianza, escuchada y protegida. Que, al fin y al cabo, es lo que buscan los adolescentes.

Es fundamental que los y las chicas con las que trabajamos encuentren lo que buscan, esto es, que se sienten realizados y realizadas, que se sientan protagonistas de lo que hacen, que sientan que se confía en ellos y que van a conseguir lo que se proponen.

Este fin de semana dos jóvenes de nuestra ciudad han sido asesinados y varios han resultado heridos. Por desgracias creemos que este hecho no es puntual, tampoco cotidiano, pero sí cíclico y es por ello que creemos que los mecanismos que pongamos en marcha para prevenir este tipo de actuaciones deben ser mecanismos sostenidos en el tiempo, estables y con anclajes comunitarios en los barrios. En los últimos días hemos venido escuchado a los responsables políticos de nuestra ciudad decir que la solución, en gran medida, pasa por aumentar la presencia policial en las calles de nuestros barrios, pero las personas que trabajamos a pie de calle en la intervención social, sabemos que cuando se recurre a la policía ya es demasiado tarde. También sabemos que la policía, esto es algo que nos comentan los propios policías en mesas de coordinación, por si solos no pueden, ni debe, abordar esta cuestión en toda su magnitud.

En la siguiente figura se expresan las diferentes estrategias preventivas y de intervención, así como los grupos sobre las que se tienen que enfocar las mismas.

Fuente Wyrick, P.A. 2006. Gang prevention: How to make the “front end” of your anti-gang effort work. United States Attorneys’ Bulletin.

En base a nuestra experiencia, y repasando diferentes lecturas de especialistas en la materia, que abordan la realidad estadounidense de este asunto (evidentemente mucho más grave que la situación que se vive en Madrid) creemos que queda acreditado como existen una serie de programas, de líneas estratégicas que funcionan y otras que no tienen los resultados deseados. Los resultados más positivos los encontramos en programas basados en habilidades incluyen talleres, prácticas y actividades que tienen como objetivo desarrollar las habilidades de los jóvenes para controlar su comportamiento y participar en actividades de beneficio social. También encontramos resultados positivos en los programas enfocados en la familia, en este tipo de programas se incluyen visitas domiciliarias, capacitación para padres y madres, es decir, terapia familiar. Se reconoce que generar cambios en los jóvenes es difícil cuando tienen una vida complicada dentro de su núcleo familiar, por lo que se toman en cuenta los factores de riesgo y protección a nivel familiar. En tercer lugar, creemos importante destacar aquellas intervenciones que se realizan desde el ámbito los programas de acompañamiento los cuales generalmente involucran a una persona mayor o más experimentada que ofrece apoyo y orientación a una persona joven a lo largo del tiempo. Los cuales aumentan su eficacia en la medida que son programas sostenidos en el tiempo. En cuarto lugar, aparecen los programas de participación comunitaria, en los que las creaciones de asociaciones tienen un importante papel en los esfuerzos de prevención, a través de programas de promoción deportivos en la comunidad tienen como objetivo involucrar a los jóvenes en actividades de beneficio social y aumentar la autoestima. En el otro lado de la balanza, es decir, aquellos programas que no ayudan a resolver el problema o que incluso lo agravan, son programas basados exclusivamente en la disuasión y la disciplina tienen como objetivo apartar a los jóvenes de las bandas a través de tácticas de miedo, de la coacción.

“A veces por necesidad, por cariño de familia o, a veces, porque se sienten muy desprotegidos cuando se lanzan insultos racistas, en el sentido de que tienen miedo de que alguien les pegue y piensan que metiéndose en eso van a ser más valientes” (Nadia, 17 años).

Del mismo modo, nuestra experiencia nos lleva a decir que muchos de los chicos y chicas que terminan formando parte de bandas sufren una discriminación múltiple (por etnia, clase social, desventajas educativas, económicas y sociales, problemas socio familiares, pobreza, exclusión,  etc) que evidentemente deriva en una falta de oportunidades, falta de expectativas laborales, carencias en su autoestima, provocando que estas y estos jóvenes se encuentran en riesgo de caer en conductas antisociales o violentas, consumo de sustancias.

En definitiva, creemos que el trabajo con estos jóvenes y con aquellos en situación de riesgo, debe ser una actuación prioritaria, que se adopten medidas de acción positiva y una intervención intensa para su inserción social. Una vez integrados en las bandas, la intervención ha de ser integral: evaluación psicosocial, atención psicológica individual y grupal, intervención con la familia, inserción socio laboral y fomento de hábitos de vida saludables. Este tipo de intervención con estos jóvenes es difícil y tienden a retornar a la banda, debido a motivos afectivos, sentimientos de apoyo y pertenencia, y por el temor a represalias si abandonan la banda.

Del mismo modo creemos que estos y estas jóvenes son, sobre todo, víctimas de una sociedad injusta y desigual que ha permitido que crezcan en un entorno desfavorecido. La sociedad tiene una responsabilidad en el surgimiento y desarrollo de la violencia juvenil y las bandas, al permitir la segregación urbana de Madrid en distritos ricos y pobres, y al no invertir recursos en mejorar la calidad de vida de los barrios más desfavorecidos. No podemos mirar hacia otro lado y después llevarnos las manos a la cabeza. También creemos que es fundamental adoptar medidas de prevención para evitar el desarrollo de conductas violentas o antisociales en los que hoy aún son niños, y mañana serán adolescentes y adultos. Para ello, son necesarios programas integrales que combatan la desigualdad, con medidas de apoyo familiar (centros de día para la atención del menor a la salida del colegio, políticas de rentas familiares, políticas de vivienda social…), intervención comunitaria en el barrio y en la escuela, fomento de habilidades sociales, educación en valores pro-sociales, y en hábitos saludables. La integración de estos niños y jóvenes beneficia a la sociedad en su conjunto. No debe verse como un gasto, sino como una inversión.

Evidentemente un abordaje integral no es fácil de desarrollar, requiere de altas dosis de coordinación desde las que ir tratando en toda su complejidad las diferentes aristas de la problemática, hay que organizar la información y los recursos que sin ser específicos sobre bandas si vienen trabajando de forma específica son jóvenes. Con la mirada puesta en un objetivo general que es el de la integración y el de combatir la desigualdad.

Nuestra experiencia nos dice que debemos explorar otras vías para abordar este asunto más allá de las actuaciones policiales. Cuando hablamos con los y las jóvenes nos dices que las y los chicos que ellos conocen que están implicados en bandas, no piensan: “me voy a unir a tal o cual banda”, sino que simplemente bajan al parque o a las canchas del barrio y se relacionan con sus iguales. La mayoría son chavales que se acercan a estos grupos sin saber realmente en lo que se están metiendo. La cuestión es que una vez dentro de la banda, una vez arropados por el grupo, es muy difícil recular, es muy difícil pedirle a uno de estos chavales que salga de la red de apoyo que suponen estos grupos sin darle otra alternativa. Por ello es fundamental que se refuercen los proyectos que se basan en la generación de elementos que estructuren el tiempo de ocio de los y las jóvenes, que ocurra algo en sus vidas.

Las bandas llevan presentes en nuestra ciudad alrededor de veinte años y no parece que los dispositivos que se han puesto encima de la mesa hayan servido para un abordaje eficiente del tema, es decir, parece que el abordaje hegemónico, esto es, el abordaje meramente punitivo y policial no parece haber logrado terminar con esta cuestión. Es por ello que planteamos la importancia de proyectos que generen alternativas a “estar en la calle”, proyectos que trabajen de cara a que los y las jóvenes tengan espacios propios en los que desarrollar sus inquietudes, espacios de los que se sientan parte, que se sientan parte de su barrio, de una asociación, de un club deportivo, de un grupo scout, de un centro juvenil y que estas estructuras sean sostenibles, es decir, perdurables en el tiempo.

 

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